Por: MAG

Sucinto y relativo Mas ¿qué mucho que yo perdido ande

por un engaño tal, pues que sabemos

que nos engaña así naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos,

ni es cielo, ni es azul. ¡Lástima grande

que no sea verdad tanta belleza!

Lupercio Leonardo de Argensola.

Todo era cuestión de fe; creer que podía hacerte creer que yo no era lo que tú creías; lo que tampoco significaba que yo fuera mucho menos o poco más, sino un poco lo justo y necesario; diferente o en otra medida. Tener fe en el dios de los ejércitos, creerme eso y embotellarme en jurar que tú también eras alguien con mucho más de lo poco menos que yo creía; eso sí era para mí. Entonces yo no estaba dándome cuenta de nada; mientras, me llevabas donde querías, donde creías que me llevabas; donde creías que quería que me llevaras; contigo encima, encima con un zapato debajo de mí, que a fin de cuentas estaba encima del zapato y, encima, debajo de ti, y no espero que lo entiendas. Ahora quiero entender que ya es mañana, aunque intento pensar que es la noche de ayer, que en rigor fue hace tres días, a lo menos; o así debiera ser, en fin, ¡Hay Ariadna! que perdí el hilo. Iba con el tremendo zapato de taco, enterrado en la espalda, entre el dolor, y la pena de tener que interrumpirnos, y pedirte auxilio; iba y tú venías, diciendo que yo salía con cada cosa, cuando el que salía eras tú y yo iba tratando de entrar, sin saber que en verdad, estaba tratando de hacer IN-OL-VI-DA-BLE, para ti, lo que quedaba del día, que ya tenía como cuarenta y ocho horas. Y así yo creía que entraba, a fuerza de salidas (como la del zapato) en tu vida, porque, mientras más dolía el taco en la espalda, que era como un buzzer a las seis de la mañana, más trataba yo de reaccionar, entre el humo y la hierba; el humor de Les Luthiers, el vino, el gas, el incienso y la lluvia sin nubes, tan particular, que recién empezaba a joder. Eso se ponía color de hormiga. Y tú, hijo del rigor, ibas y venías; es decir: no sé si ibas o venías; no lo entendí entonces, y no lo recuerdo ahora. No sé si sobre, o de bajo de mí, pero sí, a nivel del suelo, en todo caso. Aunque a esas alturas o bajezas, para los habitantes del otro hemisferio, el nivel del suelo era el nivel del techo. ¿ T e puedes imaginar cómo iba yo a imaginar que estaba yendo y viniendo contigo, sobre mí, debajo de mí? Encima de un techo o debajo del, y debajo del; que es lo mismo que a ras del suelo, del suelo de entonces. Pero ¿A qué estorbar la huida? Porque has de saber que jamás pasarás sobre mi cadáver; que, puesto que muerta incluso, me voy a hacer a un lado para que no vayas a tropezar. Y así como hubo tocatta, ahora había fuga y esa especial habilidad mía para darme cuenta de que, de entrada, tú habías ido saliendo; hasta ahora estás saliendo, aunque debemos reconocer que con menos habilidad que resultados. Yo a medio morir saltando, hasta ahora manejo lo que puedo manejar, no es tan difícil accionar la técnica del olvido. Amnesia progresiva le llaman y viene a ser como un parche antes de la herida, pero después de la herida. A veces eso sí es algo contradictorio y no puedo evitar olvidar acordarme que te tengo que olvidar... alguien ya lo cantó antes, pero eso si que lo olvidé, por lo menos eso creo...

 

 

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