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JULIUS Los rayos
del sol endulzaban la agonía de la madrugada. Él, observaba
el amanecer sin que atravesaran por sus pensamientos ni una gota de placer.
Estaba al pie de aquella mítica montaña. Las rocas, enormes
ellas, parecían cada vez más y más empinadas; se
habían ensañado en su contra. Sus dedos sangraban ya, entre las pequeñísimas fisuras por donde se aferraba con todas sus fuerzas mas por llegar a la meta que por el temor de caer al vacío. Sus dientes rechinaban de vez en cuando. El peso de su alforja en la espalda le obligaba a pensar en la recompensa de todas sus penas y dolores en un solo deseo, llegar al templo con su preciada carga. Por fin Julius había logrado reunir las cinco piedras fundamentales de Javen, diosa de los deseos. Un suave y frío viento enmudecía su canto solitario al chocar con su cuerpo, sus ojos oscuros penetraban la neblina que habitaba la cumbre de la montaña Calavera. Logró divisar lo que parecían los despojos de un antiguo edificio, quizás mas antiguo que la montaña, él sabía que esas eran las ruinas del templo de Javen, aquella legendaria deidad casi demoníaca que podía cumplir cualquier deseo al que reuniera las piedras fundamentales. Se encaminó hacia el lugar, las cinco columnas que delimitaban el lugar sagrado eran enormes y de forma pentagonal perfectamente construidas como si en lugar de apoyarse en la montaña, ella lo hiciera sobre las columnas. Julius entró en los límites del templo, sé acercó a un altar en forma de espiral que estaba en el medio del recinto. Bajó su alforja y extrajó las piedras, las colocó en el altar desde el principio de la espiral hasta su centro, entonces Julius tomó su espada, cortó sus venas, esparció la sangre en el lugar; ésta comenzó a hervir y luego estalló en una llamarada que inundó todo el templo de un humo denso que no afectaba el aire. El se paró al saber que su ofrenda había sido aceptada y dijo: -¡
Oh diosa de los deseos, invoco tu presencia ante las cinco piedras fundamentales
regadas con la sangre del que ha logrado reunirlas!. Una desagradable transformación cambio las bellísimas formas de mujer a un ser grotesco y deforme con fauces y horribles extremidades. La diosa se mostraba tal cual era ante aquel que la había desafiado. Julius no se inmutó, tal vez porque él podía ver en su propio interior un ser aún más terrorífico. El cielo se oscureció los ojos de Javen se encendieron su boca se habría sin poder definir si reía o gritaba se escuchó por fin su voz amenazadora que decía: - ¡
Oh criaturas débiles, envidiosas de lo eterno, que os tildáis
de superiores ante el universo y solo sois carnes y huesos !. - Tú,
Julius, vil entre los hombres, quieres el poder de los dioses y no sabes
si podrás controlarlo. Es que no te has dado cuenta de lo perfecto
que sois al tener un descanso de los dolores y necesidades que la existencia
da. Eres tú como el insecto que en la noche vuela hacia el fuego
para poseerlo y termina quemándose en el. ¿Estás
seguro de tu deseo? Recomienda
este pensamiento que estas leyendo ¿Que
te parecio este escrito? |